Por donde vivo hay una familia que tiene un hijo llamado Leo. ¿Cómo lo sé? Porque siempre escucho los gritos: “¡Leeeooooo!», “¡Leonaardoooo!”, “¡Hey, Leoo!”.

Siempre pensé “ay, que mamá tan gritona”.

Pero un día, haciendo un mandado, pasé cerca de esa casa y de lejos pude ver que no había nadie, ya que no había ningún carro o bicicleta. Pero cuando pasé frente a su casa, escuché el mismo gritillo “¡¡Leeooo!!”. ¿Qué? ¿No se suponía que no había nadie? Como soy un poco curiosa, me asomé y vi que efectivamente no había nadie, pero había una jaulita con dos pajaritos, ¡eran loros!

Me acordé de un documental en que explicaron que los loros no hablan. Su manera de comunicarse es imitando los sonidos a su alrededor, ya sean otras aves o personas. Además, ellos no tienen cuerdas vocales, sino un órgano llamado siringe, que es una cajita en la que se producen las vibraciones que les permiten imitar los sonidos que escuchan. También usan la lengua para hacer los sonidos como nosotros.

¿Te imaginas poder imitar los sonidos que pasan a tu alrededor? Chido, ¿no?

Me despedí de Leo y su amigo esperando que algún día me contesten el saludo.

Sin duda unos animalitos asombrosos 😊