“Solo la gente sencilla sabe qué es el amor. La gente complicada trata tanto de causar impresión que pronto agota su paciencia”

 

Audrey Hepburn fue la icónica estrella de Hollywood de los años 60 y 80, quien en su época simbolizó un tipo de feminidad que tenía un aire angelical. Hepburn, considerada princesa del cine, que con su ingenuidad y su seductora sonrisa lograba cautivar a galanes maduros. Pero, en la vida real no era así; a menudo hay mucha gente que confunde los personajes de la farándula con el modo de comportarse cuando las cámaras están apagadas, el comienzo de la historia de Audrey Hepburn no es tan feliz como todo el mundo se la imagina. 

En este su aniversario, recordemos que Hepburn no sólo fue una actriz, modelo y bailarina, sino que detrás de esa faceta de su vida, fue embajadora de la UNICEF y activista de varios movimientos para proteger a los niños necesitados.

 

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Audrey Hepburn

 

LOS INICIOS DE UNA OSCURA HISTORIA QUE LA HIZO BRILLAR 

Bautizada bajo el nombre de Edda Kathleen Van Heemstra Hepburn-Ruston, nació el 4 de mayo de 1929 en un pueblo muy cercano a Bruselas, Bélgica. La familia de Audrey era descendiente de una familia adinerada de la aristocracia de Holanda, los Van Heemstra. Su abuelo era un barón muy cercano a la Corte, su padre fue un banquero con severos problemas de alcohol, llamado Joseph Victor Henry Ruston, y su madre fue una aristócrata baronesa de origen holandés, además de eso, su madre era cantante y descendiente del rey Eduardo III de Inglaterra. Cuando Hepburn tenía 6 años, en 1935, su madre decide divorciarse de su segundo matrimonio. 

Tras haberse divorciado, en busca de un nuevo comienzo y con la Segunda Guerra Mundial a la vuelta de la esquina, la madre de Hepburn toma a sus 3 hijos, Alexander, Ian, y Audrey a una mansión de la que su padre era propietario en Arnhem, Países Bajos. Un año después, en 1936 dejan el país y se mudan a Inglaterra, donde Hepburn asiste a un internado privado femenino en Kent, Inglaterra; donde por primera vez, Hepburn descubre su entonces, más grande pasión, el baile.

Cuando Hepburn tenía 10 años, Alemania invadía Polonia, dando así comienzo a la Segunda Guerra Mundial. Es por esto, por lo que la baronesa, creyendo que los Países Bajos eran un lugar seguro para esquivar al ejército nazi, traslada a Hepburn a Arnhem, por su propia seguridad. Sin embargo, Alemania pronto invade los Países Bajos también. Durante la ocupación alemana, hasta 1945, al principio de la guerra, estos eventos no fueron impedimento para que Hepburn combinara sus estudios en el colegio, con los del Conservatorio de Arnhem en donde estudiaba piano y ballet clásico. 

Bajo propias palabras de Hepburn, la guerra y el hecho de que su padre nunca le hizo demasiado caso, fueron los hechos que afectaron y cazaron constantemente la vida de Hepburn: “Me convertí en una criatura melancólica, reservada y callada. Me gustaba estar sola”. 

La guerra marca un fin a la infancia de Hepburn, ya que distintos sucesos a lo largo de la guerra afectarían directamente a la familia de Hepburn, pues su tío Otto fue asesinado a tiros por intentar volar un ferrocarril de los trenes en lo que solían llevarse a los judíos a los campos de concentración o exterminio, uno de sus medios hermanos, Ian,  fue capturado y llevado a un campo de concentración, donde trabajó en una fábrica de municiones alemana en Berlín, y su otro medio hermano, Alexander, desaparece luchando con la resistencia holandesa clandestina contra la invasión nazi. 

Hepburn pudo presenciar cómo se llevaban a los judíos, incluso recuerda particularmente a un niño; un niño con sus padres, muy pálido, rubio, con un abrigo que le quedaba muy grande, entrando en el tren, ella era tan sólo una niña que estaba observando a otro niño completamente aterrorizado; esos recuerdos se quedaron grabadas en la memoria Hepburn, recuerdos que la acompañarán para el resto de su vida. Todos estos eventos provocan que su preocupada madre prácticamente le suplicara que usara el nombre de Edda Van Heemstra, e incluso la incitaba a que hablara holandés, para así evitar que los soldados alemanes descubrieran sus orígenes ingleses. 

Cuando los alemanes confiscaron todas las radios, Hepburn, al igual que su medio hermano se unió a la resistencia en contra de la ocupación alemana. Por las mañanas, mientras los soldados no veían, entregaba periódicos secretos subterráneos, que escondía dentro de sus botas. Mientras tanto, Hepburn  continuó en el ballet e incluso daba recitales para recaudar dinero para la resistencia, recitales en los que ellas y sus amigas, tenían que realizar sus actuaciones en secreto, y en los que el público no debía aplaudir; por lo que, al terminar sus actuaciones, no se escuchaba ni un solo ruido, no había aplausos ni gritos, fue tan fuerte esa experiencia para Hepburn que incluso llegó a decir que, fue el mejor público que había tenido en toda su vida. Ella realiza estos recitales hasta que estuvo demasiado débil debido a la desnutrición a la que su cuerpo estuvo sometido, ya que los canales de comida y agua en los Países Bajos fueron completamente cortados a consecuencia de la guerra. 

Se cuenta que en 1947, un amigo cercano a ella le regala a Hepburn el libro de Ana Frank. Hepburn dice que cuando lo leyó, quedó profundamente afectada, no sólo por la tragedia de su historia, sino por las grandes similitudes que había entre ambas, ya que ambas habían nacido en 1929; Ana Frank estuvo escondida en Ámsterdam que estaba a sólo 100 km de Arnhem. Hepburn y Frank fueron testigos de fusilamientos a hombres jóvenes, a los que ponían contra la pared y los tiroteaban sin ningún tipo de piedad. Ana Frank anotó en su libro el día que vio fusilar a cinco rehenes; ese mismo día, Hepburn cuenta que su tío fue fusilado

Para el 4 de mayo de 1945, que se produce la liberación de los Países Bajos, día en el que Hepburn, casualmente cumplía 16 años, ella dice que recordar que ese fue el día en el que sus hermanastros regresaron a casa. Llegaba a los Países Bajos, la Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas con cajas llenas de alimentos, mantas, medicinas y ropa. Cuando Hepburn y su familia fueron rescatados y llevados a atención médica, a Hepburn se le diagnosticó con colitis, ictericia, edema severo, anemia, endometriosis, asma y depresión, Hepburn cuenta que después de todo ese traumático sufrimiento el primer recuerdo de felicidad que recuerda vívidamente fue que en el primer día bebió tanta leche condensada, que se puso enferma por el exceso de azúcar.

El espíritu de supervivencia que tiene Audrey hace posible que esas terribles experiencias no la derrumbaran, sino que la ayudaron a levantarse para sobrepasar todas esas terribles experiencias y cumplir sus sueños, lo que Hepburn no sabía es que en el camino inspirará a cientos de mujeres a seguir sus sueños. 

Durante la guerra Hepburn recuerda que la única manera que tenía para distraerse era dibujando y practicando idiomas, lo que explica el perfecto manejo de idiomas que tenía Audrey, tales como: inglés, francés, holandés e italiano. Además, un poco de alemán y de español. 

Años más tarde se le ofrece la oportunidad de darle vida al papel protagonista de “El Diario de Ana Frank”, papel que Hepburn rechaza porque: “Trabajar en el filme me hubiera recordado momentos muy dolorosos vividos durante la guerra” 

Estos recuerdos de haber pasado hambre contribuyeron a que Hepburn estuviera siempre respaldando a la Unicef durante el resto de su vida.

AMERICAN SWEETHEART, AUDREY HEPBURN 

Para 1945, Hepburn abandona el Conservatorio de Arnhem, y deja toda una vida detrás de ella para trasladarse a Ámsterdam, donde Winja Marova recomendó a Hepburn al Ballet Studio 45 de Sonia Gaskell, donde estudió ballet durante 3 años más. Gaskell, presenta a Hepburn a la mismísima Marie Rambert del Ballet Rambert en Londres, esta presentación le permite audicionar para Rambert y que esta la aceptara con una beca a principios de 1948. Pero, desafortunadamente es la misma Rambert la que le dice a Hepburn que no tenía el físico para convertirse en bailarina de primera línea, porque era demasiado alta, y delgada, y comparándola con otras bailarinas, Rambert dijo que ella había comenzado un entrenamiento serio demasiado tarde en su vida. Además, de que durante su etapa de entrenamiento había empezado a padecer de anorexia nerviosa. Hepburn, completamente devastada por el hecho de que su sueño había terminado, decide pasar al teatro y al cine. 

Posteriormente audiciona para la línea de coro en “High Button Shoes” para la cual logra obtener el papel y realiza un total de 291 espectáculos, usando oficialmente el nombre de Audrey Hepburn. Para 1950, Hepburn modeló a tiempo parcial y se registró como actriz independiente en el estudio de cine británico, siguió así hasta que logró el papel de bailarina en “The secret people” (1952), donde pudo demostrar su talento en ballet, así que todas las escenas donde el personaje de la bailarina está bailando, es la mismísima Hepburn dándole vida al personaje y sus pasos. Para 1951, el famoso escritor francés, Colette, escoge a Hepburn para participar en “Monte Carlo Baby” (1953), donde interpreta a una actriz malcriada, es ahí donde Colette elige a Hepburn para interpretar a Gigi en su famosa comedia musical homónima, estrenada el 24 de noviembre de 1951, en Broadway, Nueva York, en el Teatro Fulton. Al mismo tiempo William Wyler estaba buscando una actriz europea para interpretar el papel principal de su comedia romántica “Roman Holiday”, Paramount London hizo que Hepburn hiciera una prueba de pantalla, prueba en la que Wyler quedó encantado y permitiendo que Hepburn consiguiera el papel que sería el que dispararía su carrera.

Una Hepburn de 24 años, vuela a Roma para protagonizar “Roman Holiday” (1953), de William Wyler, quien ya contaba con Gregory Peck como protagonista. Aunque, se dice que los productores habían expresado el deseo de que la pareja de Peck fuera Elizabeth Taylor, Wyler ya había sido cautivado por Hepburn, más adelante, dijo: “Tiene todas las cosas que busco: encanto, inocencia y talento. Además, es muy divertida. Es absolutamente encantadora. No dudamos en decir que era nuestra chica”.

 “Roman Holiday” se convierte en la película más querida, y la que convirtió a Hepburn en una estrella de Hollywood. Por el glamour y belleza de “Roman Holiday” recibió el Oscar a la Mejor Actriz, desafortunadamente ese sería el único que recibiría en toda su carrera, a pesar de haber numerosos papeles para los cuales es nominada. Hepburn incluso recuerda que cuando recibió la estatuilla, estaba tan nerviosa que en vez de besar en la mejilla a Jean Hersholt, el entonces presidente de la Academia, le besó en la boca. 

Aprovechando su fama, Paramount la elige como protagonista de “Sabrina” (1954) de Billly Wilder, donde Hepburn interpreta el papel de Cenicienta, este fue el mayor éxito de taquilla del año, y Hepburn fue nominada a Mejor Actriz nuevamente, pero perdió ante Grace Kelly en “The Country Girl”. En 1954, Hepburn vuelve a los escenarios teatrales para protagonizar la obra de “Ondine”, donde actuó junto a Mel Ferrer, quien fue más tarde su marido. Hepburn, 6 semanas después de haber recibido el Oscar, recibe un premio Tony, por su actuación en “Ondine”. 

Se dice que Hepburn fue de las tres únicas actrices que ganaron el Oscar y el Tony el mismo año.

 

Por Elisabet Jiménez.

 

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Audrey Hepburn