#hoysupe sobre Audrey Hepburn, una de las mujeres con el corazón más grande que ha habido en el mundo de la fama.

Tienes miedo. Mucho miedo. ¿Cómo no, siendo una niña de apenas 6 años? Tus papás han estado peleando demasiado últimamente. Justo ahora están peleando. Te tapas los oídos e intentas pensar en otra cosa. Comienzas a cantar la canción que tú y mamá siempre cantan antes de dormir.

Papá apoya a un grupo de hombres malos, eso dice Mamá. Cierras los ojos fuertemente mientras los gritos se intensifican. Las lágrimas empiezan a correr por tus mejillas. No te gusta que Papá salga y hable con los hombres malos, pero lo quieres mucho, es tu papá.

¿Y si mamá y Papá se separan? Intentas tapar más fuerte tus oídos y cantas con más fuerza. Los gritos se detienen, abres lentamente los ojos y ves a Mamá entrando a tu cuarto. Cierra la puerta despacio detrás de ella. No está llorando, pero tiene los ojos y la nariz roja. Toma tus manos e intenta sonreír mientras dice suavemente: “Tienes que ser valiente, ¿está bien? De ahora en adelante vamos a estar solas, pero no necesitamos nada más. Vamos a salir adelante, lo prometo”. Sus ojos se van llenando de lágrimas, al igual que los tuyos. Mamá cierra los ojos y te abraza. Tú le devuelves el abrazo sabiendo que nada sería igual a partir de ahora.

Acabas de cumplir 11 años.

Cuando cumpliste los diez Mamá y tú se mudaron a Holanda, ya que ella pensó que sería mejor y más seguro de los hombres malos (que ahora sabes que se llaman Nazis). Los Nazis invaden Holanda. Cumples 12 años, luego 13. Llegas a los 15 años de edad y te das cuenta de que te apasiona el ballet. Te gusta mucho la manera en la que tu cuerpo y tu mente se desconectan, y sólo piensas en el movimiento de tus piernas y de tus brazos. Entras a clases de ballet e incluso piensas en dedicarte a eso. Te invitan a bailar en varios eventos y empiezas a recaudar dinero para apoyar el movimiento en contra de los nazis. Casi al terminar la guerra las cosas se ponen feas. Hay muy poca comida y provisiones. En el camino a la escuela ves tres cuerpos congelados a un lado del camino. Cierras los ojos y caminas más rápido. De hecho, los disparos son muy comunes de parte de los nazis a los civiles. Recuerdas a tus dos tíos. Sientes de nuevo los escalofríos que sentiste cuando viste al soldado dispararle justo en el pecho a tus dos familiares. Abres los ojos y ves cómo unos soldados le gritan a un grupo de niños judíos. Empujan a unos y golpean a otros mientras los suben a un camión. La mayoría de los pequeños están llorando y uno te voltea a ver mientras solloza. Sientes como se te enchina la piel y tus ojos se llenan de lágrimas. Miras a otro lado e intentas pensar en algo mejor. Te pones a repasar la rutina de baile que tienes preparada para el evento de esa noche.

Ya terminó la guerra y vives en Londres. Comenzaste una vida como actriz, y te das cuenta de que a Hollywood le gusta mucho tu actuación. No pudiste ser bailarina profesional por tu altura y tu peso, pero audicionaste para una obra y te aceptaron gustosamente. Buscaste a Papá e incluso lo ayudaste económicamente un tiempo. Comienzas a escalar en la fama y a ganar premios (incluso un Óscar) por tu gran talento. Ganas una fortuna y en vez de utilizarla para comprar casas, propiedades o ropa, como cualquier celebridad, no puedes evitar pensar en ese pequeño judío que te miró a los ojos hace muchos años atrás. Así que empiezas a donar a organizaciones como UNICEF.

Ya no actúas tanto como antes, pasas más tiempo con tu familia y con los niños. Incluso visitas Etiopía, específicamente un campo de niños. Estas desesperada por ayudar lo más que puedas a los pequeños y logras visitar y ayudar a muchísimos niños.

Después de regresar de uno de esos viajes, te enteras de que tienes cáncer de colon. Sientes una profunda tristeza, porque no podrás pasar más tiempo con tu familia, y porque no podrás seguir ayudando. Pero estás satisfecha por haber logrado tanto. Mientras estás acostada en tu cama piensas en tu vida, en todo lo que pasaste. A todos a los que ayudaste. Más adelante tu hijo escribirá un libro en tu honor. Serás recordada por muchas generaciones. Cierras los ojos y sonríes, mientras sientes cómo una calma se apodera de tu cuerpo. “Lo logré” piensas. Satisfecha sabes que el mundo es mejor desde que llegaste.

Audrey Hepburn

Audrey Hepburn